Casa
7 de febrero de 2023

Ahora que volvimos de estar un tiempo en Argentina con la gente que queremos, estuve dándole algunas vueltas a la cuestión de la casa, o mejor dicho, del hogar. Cuando vivís lejos de tu país cada tanto encontrás pensando estas cosas. Preguntas como cuál es mi casa, y otras relacionadas, como si debería volver a Argentina, o qué estoy haciendo acá, son moneda corriente para los expatriados.
El día que nos subimos al avión de regreso a Italia nos invadió un poco la tristeza. En el fondo, no queríamos volver. Sentíamos que nuestro hogar estaba allá, en Argentina. Recuerdo que la chica de la aerolínea nos preguntó si vivíamos allá, y yo no entendí la pregunta, quedé desconcertado. Mi cabeza estaba en otra. Fue Ana Paula que le dijo que sí, que vivimos allá. Y solo ahí entendí que sí, claro, vivimos en Italia. Subimos a ese vuelo casi llorando.
Pero cuando llegamos a nuestro departamento, nuestra pequeña casita en un pueblito del norte italiano, pasó algo aún más extraño: después de entrar las valijas, respiramos profundo, y nos vino una paz repentina e inexplicable.
Estábamos en casa de nuevo.


Para mí, y quizás suene un poco cliché, pero mi casa no es exactamente un lugar físico. No es el barrio donde me crié ni la ciudad donde viví más tiempo. Casa es, sobre todo, donde estemos juntos Ana Paula y yo —ese rincón de paz que llevamos con nosotros a donde vayamos.
Me sucede que siendo inmigrante, muchas veces busco mi hogar en los lugares equivocados. Trato de recrear lo que conozco y amo, pero nunca es igual. Las calles no son las mismas, la gente es diferente, y el idioma es otro. Pero después puedo ver que eso es justamente lo que hace que esta experiencia sea increíble, porque me obliga a buscar por dentro y encontrar ese sentido de pertenencia y de hogar que existe en mí.
Supongo que casa no es un lugar sino una forma de mirar. Los mismos recuerdos, el mismo amor, la misma gente —todo eso viaja con vos. Argentina no quedó atrás cuando subimos a ese avión. Estaba en el asiento de al lado.
Parafraseando a Tolkien, no todos los que viajan están perdidos. Y yo, cada vez más, creo que no estoy buscando algo que me falte. Estoy, simplemente, en casa.